Historia sobre bordar ...
Tenía unos 12 años, cursaba el grado séptimo o el segundo de bachillerato, iniciaba el año escolar y estaba expectante porque la clase que seguía se llamaba “tecnología”, toda una novedad. La tecnología me hacía pensar en computadores, pero en el fondo sabía que no sería así, pues el colegio donde estudiaba no tenía ninguno. Entonces, ¿qué podría ser? Al poco tiempo llegó una profesora que no conocía, pero que llevaba buen tiempo en el colegio, cojeaba, quizás por secuelas de poliomielitis en la infancia (confieso que esto lo concluyo hoy en día), se llamaba Edgarda, un nombre que, debo confesar, en mi entorno no conozco a nadie más que se llame así. 🙈
La profesora Edgarda llegó con
telas, hilos y muchas expectativas, pues estaba decidida a enseñarnos a bordar.
Confieso que pensé: ¿Bordar? ¿Pero cómo una chica de finales del siglo XX
podría permitirse eso? Eso había quedado en el pasado; ahora había que aprender
sobre computadores. Para entonces, mi papá arreglaba máquinas de coser (aún lo
hace); entre ellas, recuerdo que a veces mencionaba unas que bordaban. Encima
de todo (pensaba yo), ya había máquinas que hacían eso. Finalmente, como la alumna
aplicada que era, no quedó de otra que seguir la corriente de la clase y
aprender a bordar, pues tampoco quería perder. Pasaron las semanas y lo más
sorprendente es que comenzó a gustarme; me encantaba ver el resultado de figuras
hechas con relucientes hilos de colores y, sin querer, se convirtió en mi
pasatiempo favorito. Algunas personas se sorprendían al verme bordando, recuerdo
que cierto día una amiga de mi abuela, me dijo, “mijita, pero si eso no es para
una muchacha como usted, déjeme le hago la tarea y usted puede dedicarse a aprender
otras cosas” Por supuesto no le entregué mi bordado, le agradecí por el ofrecimiento,
pero la tarea era mía y quería hacerla. 😊
Actualmente, bordar se ha
convertido en una manera de relajarme; siento como si viajara en el tiempo; me
imagino cómo sería en otras épocas, cuando realmente era una forma de entretenerse,
además de una necesidad, ya que no existían máquinas de coser. El tiempo pasa
tranquilamente y sin prisa con cada cruz que hago me acerca a la meta (bordo en
punto de cruz), una figura, una letra, un pequeño cuadro que decorará mi casa o
quizás un regalo, y finalmente siento que hay algo que las máquinas no pueden
reemplazar, y es el amor que coloco en cada pieza que bordo. 💓

De acuerdo! Me encanta coser y ahora me gustaría haber sido más aplicada en las clases de manualidades y haber aprendido más con Sor Rosalia. Coser podría considerarse una estrategia para meditar.
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